La noticia provocó una serie de llamadas y comunicaciones en el gabinete de seguridad federal, y alertó a la oficina central de  la DEA (Drug Enforcement Administration) en México de que algo había ocurrido en la cúpula del llamado cartel de Sinaloa. El lunes 9 de junio del 2014 una nota periodística generada en Culiacán publicada por el semanario local Río Doce, daba cuenta de la probable muerte de Juan José Esparragoza Moreno, uno de los legendarios líderes de la organización de tráfico de drogas, conocido por sus alias de “El Azul” y entre sus pares colombianos como “don Juan”.

Era una información demasiado importante que había que corroborar. Al paso de los días se supo por medios capitalinos que en el hospital privado Real de San José, en Zapopan, Jalisco estuvo internada una persona cuyo expediente médico tenía reservada la identidad del paciente y solo quedó registrado por las siglas XXX. Un trabajador de ese nosocomio dijo al rotativo La Jornada que agentes federales investigaban la identidad de todas las personas que habían estado internadas. Otro testigo refería que el jueves 5 y viernes 6 de junio hubo presencia militar en las inmediaciones del nosocomio. En los días en que el supuesto paciente registrado como XXX estuvo internado.

Barbara Corrine, vocera de la DEA en Washington, dijo a corresponsales que hasta el pasado miércoles 11 de junio no podían confirmar la versión, pero que los agentes basados en la ciudad de México y en Guadalajara ya trabajaban en ello. El departamento de Justicia estadounidense a través de la DEA ofrecía desde el año 2004 una recompensa de 5 millones de dólares por datos verificables que ayudaran a la localización de Esparragoza. Desde el año 2009, el departamento del Tesoro había boletinado en cuatro ocasiones la red financiera del “Azul”, ligada a la de Rafael Caro Quintero, a la de Ismael “el Mayo” Zambada y a la del hoy extraditado Joaquín “el Chapo” Guzmán, la última de ellas en febrero del 2014 donde añadían a otros socios colombianos.

Ese día el mismo periódico que reprodujo la nota publicada por Río Doce, daba otra versión del posible deceso. Citando a “funcionarios que participan en el gabinete de seguridad”, señaló que agentes del Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y de la Policía Federal Ministerial, perteneciente a la PGR, indagaban en “hospitales de la colonia Tierra Blanca”, en Culiacán, el probable deceso de Esparragoza Moreno pero no se decía si hasta ese día ya habían podido corroborarlo. La nota refería que “don Juan”, haciendo uso de sus dotes por los que se volvió célebre, negoció y pactó un supuesto acuerdo con el llamado cartel del Golfo para sacar a los Zetas de Tamaulipas, Nuevo León, Zacatecas, Coahuila, Veracruz y San Luis Potosí. El texto corregía le primera versión que decía que “el Azul” había fallecido supuestamente en un hospital de Guadalajara. Ya no era así, ahora era en un hospital de la capital sinaloense, del que no se dio nombre.

“Las versiones que son investigadas, sostienen que antes de que llegara alguna autoridad a corroborar el deceso el cuerpo fue sacado del hospital. En éste, el capo estaba registrado con un nombre falso. Los restos fueron cremados la madrugada del domingo”, señaló el diario capitalino. Tras varias pesquisas, concluía el texto, los agentes no habían encontrado evidencias que confirmaran o desestimaran el dicho.

Poco después el semanario Río Doce publicó en su sitio web que en la parroquia del Espíritu Santo, localizada en la colonia residencial de las Quintas en Culiacán, se habían celebrado tres misas en honor de José Moreno. Las homilías se habían realizado entre martes, miércoles y jueves y en todas ellas se pidió por el descanso de ésta persona. De nueva cuenta esta publicación citó a familiares del capo para señalar que las misas habían sido en su honor. A todas ellas asistieron familiares y amigos de Esparragoza Moreno, quienes “confirmaron que éste había muerto y sus restos cremados”. El reporte concluía con una referencia al libro de registros parroquial donde aparecía el nombre de “José Moreno”.

Ni en el ejército ni en la marina, de manera extraoficial, confirmaron el posible deceso del capo. Se sospecha, como en anteriores ocasiones, que la versión podría ser una estrategia de propaganda para “sacarlo” de la circulación. Esta sospecha se funda en que en dos anteriores ocasiones, una a finales de los años 90 y otra ocurrida en mayo del 2013, se había hablado de la posible muerte del “Azul”.

Don Juan

Don Juan

Discreción y negociación

Viernes 10 de mayo del 2013, edificio Ámbar, en la zona de Puerta de Hierro del área metropolitana de Guadalajara. Un pelotón de fuerzas especiales de la marina se desplegó en los alrededores del inmueble lo que generó todo tipo de especulaciones en los medios locales. El rumor que más se difundió decía que los marinos iban por el legendario capo Juan José Esparragoza Moreno, conocido tanto por su mote de “El Azul” y por ser el rostro negociador en las últimas tres décadas del narcotráfico en México.

La especulación alcanzó tal punto que las versiones hablaban del fallecimiento del capo en el lugar. “Noticia que no ha podido ser confirmada”, reportó una agencia de información nacional. Como si se tratara de una estrategia de contrainformación, donde el objetivo era confundir para distraer la atención, mientras en otro lado ocurrían hechos de mayor trascendencia, el rumor se desvaneció en menos de 24 horas. Lo único que quedó de ese episodio fue el regreso a los medios de comunicación de “don Juan”.

El capo colombiano del cartel del Norte del Valle, Hernando Gómez Bustamante, alias “Rasguño”, contó en el año 2007 cuando fue detenido en Cuba, que Esparragoza Moreno era todo un caballero en el trato y los arreglos entre los barones de la droga de México y Colombia. Un hombre de palabra, a quien se referían solo como “don Juan”. Un hombre conciliador, gentil, gran conversador y con un perfil de negociador nato que los norteamericanos lo identifican como “peace maker”, pues los servicios de inteligencia le atribuyeron ser el impulsor del acercamiento para acordar un alto a la ola de violencia en 2006 entre la llamada “Federación” de Sinaloa y el cártel del Golfo.

Esparragoza Moreno nació el 3 de febrero de 1949 en Huixiopa, una comunidad serrana perteneciente al municipio de Badiraguato, Sinaloa. Su primer matrimonio fue con Gloria Ofelia Monzón Araujo. De su segunda esposa María Guadalupe Gastelum Payán, nacieron cuatro hijos, dos varones y dos mujeres, todos ellos boletinados por el Departamento del Tesoro estadounidense el 24 de julio del 2013 como parte de la red de lavado de dinero del llamado cartel de Sinaloa, organización de la que es fundador junto a sus compadres y socios Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “el Mayo” Zambada.

El comandante Florentino Ventura, considerado por sus contemporáneos en los años 80 como una leyenda de los sótanos de la policía política, la hoy desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS), se jactó en vida de haber sido el policía que detuvo en 1986 a Esparragoza durante un operativo que lo mandó preso al reclusorio sur.

Estuvo seis años encarcelado, compartió encierro con Amado Carrillo Fuentes, “el Señor de los Cielos” detenido en 1989 y liberado en 1991, y cuando en 1992 “el Azul” quedó en libertad, comenzó la segunda parte de su carrera en los días en que se suscitó la muerte, en circunstancias extrañas, del comandante Ventura de quien se dijo, se había suicidado. A la fecha, nadie de los que participaron en su detención está vivo. “Don Juan” era el único capo en libertad de aquel grupo fundacional que se aglutinó en Sinaloa alrededor del Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto “Don Neto” Fonseca Carrillo, Manuel Salcido Uzueta, Emilio y Juan José Quintero Payan, precursores de la organización que en la segunda mitad de los años 90, con varios de ellos presos o muertos, tuvo en Amado Carrillo Fuentes a su máximo líder.

En una fecha que podría considerarse cabalística, el día 12 del mes 12 del año 2012, las empresas de la familia Esparragoza Gastelum quedaron boletinadas como centros de lavado de dinero del cártel de Sinaloa por el Tesoro estadounidense. Se citó a Grupo CINJAB, propietaria del desarrollo residencial Provenza, la plaza comercial Provenza, ambos localizados en la avenida López Mateos en Zapopan, y el parque industrial La Tijera, en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. También quedaron fichadas siete estaciones de venta de gasolina en diversos puntos de Culiacán, Sinaloa. Meses atrás, en julio pasado, las agencias de inteligencia también incluyeron en la lista de lavado de dinero al desarrollo residencial del Lago, a la compañía Desarrollos Everest y seis gasolineras más en la capital sinaloense.

Con la pista del dinero en la lupa de la DEA la presencia de “don Juan”, que en otro tiempo era frecuente en Cuernavaca, Morelos, donde tuvo su residencia durante varios años y donde una de sus hijas se le vinculó en una relación sentimental con el ex gobernador panista Sergio Estrada Cajigal, ha disminuido de manera notable. Se sabe que se movía entre Guadalajara, Querétaro y la ciudad de México. No dejó de estar presente en su tierra, donde solía tener encuentros con sus compadres, el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada. No era casual que en 2012, en dos ocasiones diferentes, el Tesoro estadounidense le pusiera marcaje personal a los negocios de su segunda esposa y de sus hijos. Tampoco que sus antiguos dominios, como Zacatecas, San Luis Potosí y Morelos, se hayan sumergido en una espiral violenta por la lucha entre diferentes grupos, que buscaban tener la hegemonía en el tránsito de droga hacia otras regiones de la frontera norte.

También en 2013 corrieron versiones provenientes de la cuarta región militar, con jurisdicción en Tamaulipas y Nuevo León, en el sentido de que “don Juan” se había ofrecido como negociador entre las diferentes facciones del cartel del Golfo que comenzaron a disputar las ciudades de Reynosa y Matamoros. El objetivo era que la facción con la que el cartel de Sinaloa estaba aliado, la de Eduardo Costilla “El Coss” detenido en septiembre del 2012, no se desarticulara y siguiera en operación en sus zonas de influencia. Nada se supo si se logró algún acuerdo, lo único real fue el resurgimiento de las disputas sangrientas en estas ciudades fronterizas, la fragmentación del cartel del Golfo, y el caos que aún perdura en Tamaulipas.

Posted by Juan Velediaz

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