Walter Armando González era un teniente de infantería que en aquel año del 2002 estaba adscrito al 65 batallón, cuando su sede estaba en Guamúchil, Sinaloa. Este oficial narró que había ocasiones en que los soldados y oficiales subían a la sierra, donde pasaban semanas en labores de destrucción de plantíos del narco, y tiempo después regresaban a su base con fajos de dólares, algunos llegaban a juntar varios miles y se hacían de bienes que a ojos de sus colegas habían empezado a generar suspicacias.
Detrás de esas cantidades estaban los pagos de operadores de las familias Leyva Cázares, Román Angulo y Beltrán Leyva, quienes habían logrado llegar a acuerdos con jefes y oficiales del batallón para que “protegieran” los campos de cultivo de mariguana en Mocorito y Badiraguato, dos de los municipios con poblados en la sierra de Sinaloa, donde tenían su área de operaciones las tropas que comandaba el entonces coronel Norberto Cortés Rodríguez.
El testimonio del teniente Walter formó parte de la investigación que desarrolló la fiscalía militar, y por la que en el verano del 2002 fueron detenidos 40 integrantes del 65 batallón de infantería. Por este hecho que se volvió un escándalo la prensa local bautizó en aquellos días a esta unidad con el apelativo de “el narco batallón”. Su popularidad llegó a tal extremo, por lo burdo del caso, que hasta un corrido les compusieron.
Los militares no actuaban solos, según declararon los acusados en el expediente 2984/2002 que se inició en aquel entonces, también estaban funcionarios de la Policía Ministerial del Estado, la antigua judicial, de la que 16 agentes resultaron con acusaciones penales.
El escándalo se apaciguó con el traslado y “desintegración” del batallón. En su lugar llegó a Guamúchil el 42 de infantería. Del 65 batallón se dijo en el ejército por aquellos días que había sido desarticulado, los oficiales que no resultaron con acusaciones penales fueron reubicados en otras unidades al igual que la tropa, y el último mando no fue procesado, por el contrario, tiempo después Cortés Rodríguez ascendió a general de brigada en la promoción del 2014. En mayo de ese año fue nombrado como coordinador de seguridad de la zona centro de Tamaulipas, con área de responsabilidad en los municipios de Victoria y Llera.
Pasó algún tiempo, prácticamente todo el sexenio de Vicente Fox y del general Gerardo Clemente Vega García al frente de la secretaría de la Defensa Nacional para que se conociera el destino del 65 de infantería. Después de Sinaloa su base estuvo en la comandancia militar de San Miguel de los Jagüeyes, en el Estado de México. Mas adelante pasó a formar parte de la primera Brigada de Infantería Independiente.
Tiempo después fue enviado a Michoacán, a la zona de la Tierra Caliente, como una unidad dependiente de la comandancia de la 43 zona militar con cuartel general Apatzingán. Se le asignó como jurisdicción la zona serrana que parte de Coalcomán, el municipio donde surgieron los grupos de autodefensa en 2013, y su zona geográfica de operaciones quedó delimitada hacia Aquila y Coahuayana, en dirección hacia los límites con Jalisco, y rumbo a la costa de Colima y Michoacán.
Nuevo cuartel en Coalcomán
La ceremonia se buscó que coincidiera con la conmemoración del Día de la Bandera. El martes 24 de febrero del 2015 el presidente Enrique Peña Nieto en compañía del secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, inauguraron el nuevo cuartel del 65 batallón de infantería, el antiguo “narco batallón”, en el municipio de Coalcomán. El complejo militar aparte del cuartel, la zona de adiestramiento, y el área de comando, cuenta con una unidad habitacional para aproximadamente 65 familias. El monto de la inversión del año 2013 en que se puso en marcha al 2015, ascendió a poco más de 400 millones de pesos.
El 65 de infantería fue desplegado en una de las zonas consideradas estratégicas para el trasiego de droga no solo de cultivo en la región montañosa, sino de la que entra al país vía marítima por el puerto de Lázaro Cárdenas y por Manzanillo. En otro tiempo esta área llegó a ser jurisdicción temporal de unidades militares como el 51 y el 97 batallones de infantería, los cuales habían realizado operaciones en municipios vecinos a Apatzingán y en la zona centro del estado.
El general de división Pedro Felipe Gurrola Ramírez, entonces comandante de la doceava región militar, declaró por esos días previo a la inauguración del cuartel y del complejo castrense, que el 65 de infantería se desplegaría en esta área considerada problemática con el objetivo de garantizar la seguridad de los michoacanos que viven en los lugares más apartados.
El día del evento, junto al general Gurrola Ramírez, estaba el general de brigada José Candelario Jaime Contreras López, quien el 15 de enero del 2015 se había hecho cargo del mando de la comandancia de la 43 zona militar con cuartel en Apatzingán, de donde depende el 65 de infantería.
Contreras López dejó a principios de ese año la comandancia de la 29 zona militar con sede en Minatitlán, Veracruz. Es un oficial de estado mayor conocido por el característico hermetismo con los medios de comunicación, no se le conocen conductas violatorias de las leyes y reglamentos y quienes lo conocen, decían que era “un buen soldado”.
Antes de su paso por Veracruz el general estuvo año y medio en Oaxaca, en la zona militar de Mihuatlán, donde le tocó identificar la operación de los grupos criminales dedicados al tráfico de inmigrantes, también esa área estaba considerada paso natural de droga que viene de la sierra sur del estado además de ser un foco de actividad guerrillera por ser puerta de entrada a la zona de los Loxichas, donde en otro tiempo operó una célula del EPR.

Posted by Juan Velediaz

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