“Morir a plazos es la especialidad de los porteros”, escribió Juan Villoro en un ensayo sobre el suicidio del alemán Robert Enke, ex arquero de la selección alemana y el Barcelona. Para Óscar Pérez, el portero campeón de la Liga MX con el Pachuca en el Torneo de Clausura 2016, pararse bajo los tres postes es un impulso renovador.

Hace 11 años que la palabra retiro se vincula al guardameta, que en mayo pasado se convirtió en el jugador más longevo en coronarse en el fútbol mexicano, con 43 años.

El Conejo pertenece a esa estirpe de viejos guardametas que han superado las cuatro décadas de vida bajo los tres palos, como el soviético Lev Yashin, que se retiró a los 42 años al igual que el colombiano Higuita; Pérez, dejó en el camino a Carlos Fernando Navarro Montoya (43) y si cumple su promesa de colgar los guantes al término del presente certamen, habrá alcanzado a otro arquero de leyenda, el argentino Amadeo Carrizo, que tras toda una vida en River Plate dijo adiós al futbol, con 44 años cumplidos, en Millonarios, de Colombia.

En 2007, cuando jugaba su última temporada con el Cruz Azul, equipo con el que debutó en 1993, el Conejo ya hablaba de dejar las canchas, sin imaginarse, quizá, que jugaría una Copa del Mundo como titular (Sudáfrica 2010), que viviría la amargura del descenso con el Necaxa (2011) y que conseguiría, antes que el Cruz Azul, un nuevo campeonato en la Liga MX.

Destinado para ser un “aguafiestas del futbol”, como describe Galeano a los guardametas, Óscar Pérez se convirtió en la figura de una Final en la que el escenario estaba puesto para que el Monterrey arrasará al Pachuca, pero en el partido del campeonato su figura se agigantó más allá de los 172 centímetros que levanta del suelo y se convirtió en el hombre más valioso del encuentro.

Si semanas atrás todo el mundo hablaba de la triple atajada del arquero argentino de Atlético Nacional de Medellín, Franco Armani, ante Rosario Central, en la Copa Libertadores, desde el domingo 29 de mayo del 2016, en Google, se puede encontrar la triple atajada del Conejo contra los delanteros Rayados. Y no es quitarle el mérito al argentino, pero Pérez tapó los disparos en una Final y con 14 años más a cuestas.

La sonrisa de Pérez en el encuentro invitaba al aplauso y a la reverencia de pie por lo que estaba de por medio, sobre todo porque los que lo conocemos, recordamos algunas entrevistas en donde reconocía que no se divertía en un terreno de juego: “Divertirse queda a un lado por todo lo que está atrás, la responsabilidad que tenemos. Te diviertes cuando no hay nada de por medio”.

Pero sereno, en un partido en donde sus compañeros perdían balones en la salida y se mostraban erráticos al frente, la veteranía del Conejo sacó a flote una plantilla en donde el técnico es dos años menor que él y la mitad de sus compañeros no habían nacido cuando el debutaba en un 0-0 entre La Máquina y el Atlas.

Y el Conejo, el que años atrás decía que “los jugadores de futbol que no sienten nervios, no son de este planeta”, hizo que el colombiano Edwin Cardona perdiera los estribos y mandara por encima del larguero el balón que pateó desde el manchón penal y que pudo haberle cambiado el rumbo a la Final.

Cuando sonó el último silbatazo en el Estadio BBVA, el Conejo fue el hombre más buscado por los reporteros. Pero él corría de un lado a otro de la cancha sin borrar la sonrisa de su rostro. En 23 años de carrera ganó apenas su segundo campeonato y se tardó 19 años en que llegara su segunda corona.

Un dato que hace más significativa su hazaña es que es el único jugador en activo que ganó el último campeonato del Cruz Azul, en aquel recordado Invierno 97, cuando Pérez dejó en el banquillo a dos históricos guardametas del balompié mexicano como Jorge Campos y Nicolás Navarro.

El Conejo juega los últimos minutos de su carrera con el profesionalismo y la humildad que lo han caracterizado a lo largo de su trayectoria. Él, el hombre que no niega un autógrafo, el que llega a la práctica de su equipo en un Renault 5 de los años 80, el que nunca se olvida de sus orígenes. El Conejo de la sonrisa y el resorte eternos.

Posted by Roberto Sergio Vargas

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